Fronteras y territorios es tu primera exposición institucional en Madrid. ¿Qué ha significado para ti este proyecto y cómo ha sido el proceso de selección de obras con las comisarias María y Lorena de Corral?

En realidad, Fronteras y territorios es la continuación de Lindes. Camino. Memoria, que presenté en la Sala Verónicas de Murcia. Aquella exposición fue una primera incursión en un espacio instituciona

En realidad, Fronteras y territorios es la continuación de Lindes. Camino. Memoria, que presenté en la Sala Verónicas de Murcia. Aquella exposición fue una primera incursión en un espacio institucional importante en mi tierra, y esta en Madrid ha supuesto un paso más, del que estoy encantada. Algunas de las piezas que se muestran ahora ya estuvieron en Murcia, pero también hay obra nueva, porque ha pasado un tiempo y la sala de Alcalá 31 tiene otras dimensiones.

La selección la han realizado María y Lorena de Corral, que conocen muy bien la sala porque han trabajado mucho allí. Ha sido un trabajo muy minucioso, mano a mano con ellas, revisando cada pieza. El encargo consistía en una revisión de media carrera: mirar qué he hecho hasta ahora, en qué estoy y hacia dónde voy. Y eso es un regalo, la verdad.

Aunque esta exposición recoge diferentes etapas de tu carrera, ¿hay alguna línea de trabajo nueva que estés mostrando por primera vez?

Sí, claro. Hay piezas nuevas realizadas con artesanos con los que no había trabajado antes. Para mí, colaborar con artesanos de distintas zonas de España siempre ha sido una maravilla, pero tenía la espinita de encontrar a alguien en mi propio pueblo, Puerto Lumbreras, y no lo lograba. Hasta que conocí a Mari Francis, una talabartera increíble, mujer luchadora y artesana. Empezamos a trabajar juntas y ha sido un descubrimiento precioso.

¿Hay una narrativa lógica que articule el recorrido expositivo?

Sí, todo gira en torno a las fronteras y los territorios. Tiene mucho que ver con mi vida, con los recorridos que hago por la ciudad, mezclados con los patrones de costura que aprendí de las mujeres de mi familia, de las vecinas… Esos patrones tan marcados en lo rural, en esos territorios donde salir de lo establecido no siempre era fácil. Me interesa esa dicotomía: cómo salirse de lo preestablecido sin necesariamente abandonar el lugar de origen. Al final, yo vengo de un pueblo fronterizo, y creo que los pueblos fronterizos tienen esa virtud de abrir la puerta a quien llega, algo que no sucede en todos los sitios. Esa idea de frontera como umbral, como tránsito, está muy presente en la exposición.

La costura es un lenguaje muy presente en tu obra, un elemento que parte de tu entorno familiar. ¿Cómo ha evolucionado tu relación con el textil desde tus inicios hasta hoy?

Llevo trabajando con el textil desde hace muchos años, pero ha sido una relación que ha evolucionado de forma natural, conforme han ido llegando nuevos proyectos. Empecé cosiendo con una máquina de pedal que era de mi abuela, luego con una pequeña de sobremesa, y más tarde pasé a una máquina industrial, lo que me permitió desarrollar otro tipo de piezas. Después llegaron los trabajos colaborativos: con las esparteras de Blanca, las bordadoras de Lorca o ahora con las jarapas. Cada territorio al que he llegado me ha llevado a investigar nuevas técnicas del textil y del tejido. Últimamente estoy trabajando con pequeños talleres de lana ligados a la trashumancia, que también están desapareciendo. Estamos perdiendo muchísima lana porque no se le da salida, mientras se fabrican materiales sintéticos. Todo eso también forma parte del relato que intento construir.

En tu obra hay una conexión muy clara entre el arte, el territorio y la sostenibilidad. ¿Qué papel juega para ti la artesanía en este equilibrio ecológico?

Para mí, la artesanía es mucho más que una técnica o una tradición: es una forma de resistencia y de cuidado del territorio. Cuando trabajo con esparto, por ejemplo, no solo me interesa su valor formal o estético, sino lo que implica ecológicamente. El esparto tiene la capacidad de retener el rocío de la noche y humedecer la tierra, lo que ayuda a frenar la desertificación. Mientras esta planta siga viva en nuestros montes, el paisaje seguirá respirando. Sin embargo, hoy se destruyen toneladas de lana porque no se valoran esos recursos naturales, mientras se importan fibras sintéticas fabricadas con petróleo desde el otro lado del mundo. Me parece urgente tomar conciencia de cómo nuestros gestos como consumidores afectan al ecosistema, y reivindicar materiales que nos conectan con lo local, con lo que fuimos y con lo que aún podemos sostener.

También hay una fuerte dimensión feminista en tu trabajo. ¿Cómo se entrelazan las labores tradicionales con una reivindicación más política?

Las labores textiles han estado históricamente ligadas al papel asignado a las mujeres. Muchas sabían coser simplemente porque se esperaba de ellas, no porque se lo plantearan como elección. Aun así, tejieron desde ese lugar una forma de conocimiento y de resistencia. Para mí, dar valor a esos saberes es también una forma de hacer justicia. Muchas de estas mujeres trabajan sin descanso para que sus hijas puedan estudiar y tener una vida diferente. Y, sin embargo, su trabajo sigue sin estar reconocido ni social ni económicamente. Me interesa visibilizar ese esfuerzo silencioso, y al mismo tiempo subrayar lo que está en juego: el cambio climático, la pérdida de oficios, la desaparición de recursos como el esparto o la lana. A veces se habla mucho de sostenibilidad o de feminismo, pero se hace desde el discurso, sin traducirlo a la práctica. Yo intento que mi obra lo encarne desde lo material, desde lo que se toca.

¿Qué te interesa del esparto y de otros materiales tradicionales como la lana o las jarapas, y qué crees que revelan sobre nuestra relación actual con la sostenibilidad y la memoria colectiva?

El esparto, por ejemplo, fue durante siglos una fuente de riqueza clave en esta región —desde el Imperio Romano hasta los años 60, cuando se conocía como Cartago Espartaria. Pero la llegada del plástico, con su brillo, sus precios bajos y su durabilidad, hizo que muchas empresas cerraran. Hoy los montes se están vaciando de esparto, y seguimos generando plásticos que terminan en los océanos. Lo mismo ocurre con la lana o con las jarapas, que antiguamente se tejían con harapos y se reutilizaban hasta el final. No existía la palabra “reciclar”, pero se practicaba por pura necesidad. Todo esto tiene que ver con una conciencia social, económica y ecológica que hemos ido perdiendo y que mi trabajo intenta recuperar.

¿Cómo entra en tu práctica artística el uso de materiales desechados o de stock, y qué te atrae de esa lógica de aprovechamiento?

Me interesa mucho trabajar con lo que hay, con lo que otros descartan. Por ejemplo, las piezas que hago con PVC surgen de restos de stock: voy al almacén y me llevo lo que no se va a usar para evitar que acabe en el contenedor. Lo mismo ocurre con las jarapas, que se tejen con sobrantes de las fábricas textiles. A veces quiero un color concreto, pero no hay —entonces trabajo con lo que hay, como se ha hecho siempre en las casas del Levante. Para mí no es algo nuevo: es una forma de adaptación, de aprovechar los recursos disponibles. Nuestra vida siempre ha estado condicionada por lo que tenemos a mano, por eso me interesa lo precario, lo artesanal, no solo por su valor simbólico o formal, sino porque refleja una forma de estar en el mundo más consciente y resiliente.

Has mostrado tu trabajo en numerosos contextos internacionales. ¿Qué diferencias encuentras al presentar tu obra fuera de España, y qué papel juega lo local en tu práctica?

Lo local siempre está presente en mi trabajo, porque es mi punto de partida, mi raíz. Pero cuando lo muestro fuera de España, me doy cuenta de que los temas que trato —el territorio, los cuidados, la desigualdad— son universales. Por ejemplo, en Brasil realicé un proyecto en el que una mujer recorría largas distancias para cuidar a los hijos de otra, que a su vez trabajaba para pagarle. Ese ir y venir es común en muchas partes del mundo. Las problemáticas son similares, aunque es cierto que aquí somos privilegiados, y a veces lo olvidamos.

Tu obra tiene una fuerte dimensión narrativa. ¿Qué papel juega el espectador en esa construcción de relatos?

El espectador es fundamental. Para mí, no tendría sentido hacer todo esto si no hubiera alguien que lo reciba, que le dé valor. No es que condicione mi trabajo, pero sí lo enriquece. También ocurre algo muy bonito cuando colaboro con artesanos o con colectivos de mujeres: me ayuda a mantener los pies en la tierra. Porque el artista puede tener la idea, pero ellos tienen el oficio, una sabiduría transmitida de generación en generación que no podemos perder. Siempre aprendo de ellos, siempre. Para mí, eso es un regalo de la vida.

¿Qué sueles tener en cuenta al comenzar una nueva obra o proyecto? ¿Recuerdas cuál ha sido tu última gran fuente de inspiración?

Siempre que preparo una exposición, lo primero que hago es mirar el contexto social del lugar: qué ha pasado allí, cómo se vivía antes. Por ejemplo, si expongo en Galicia, investigo cómo tejían los Sancosmeiro con los restos del centeno después de hacer pan; si es en Murcia, cómo trabajaban el esparto o lavaban la lana. No me interesa llegar a imponer algo, salvo que sea un encargo muy concreto. Me gusta entender el lugar, su historia, sus oficios… y a partir de ahí nace la obra.

Formas parte de la exposición colectiva por los 25 años de la galería T20 de Murcia. ¿Qué obra presentas en esta ocasión y qué representa para ti este vínculo con la galería?

Para esta exposición he decidido mostrar una jarapa, una de esas piezas que recoge muchas de mis preocupaciones materiales y simbólicas. Para mí esta celebración es muy importante. Yo era una niña de Puerto Lumbreras que soñaba con ser artista… y 25 años después estoy aquí, exponiendo con la misma galería, tanto en la Sala Verónicas como en Alcalá 31. Es una gran satisfacción, porque aunque hoy trabajo con galerías en Brasil, Budapest, Galicia o Lisboa, T20 sigue siendo mi galería madre, la que me acompañó desde el principio. Mantener ese vínculo con mis raíces es algo que valoro muchísimo.

Para terminar, ¿puedes adelantarnos algunos de tus próximos proyectos?

La verdad es que este año viene cargado de exposiciones. En mayo participo en ARCO Lisboa con un solo project y, además, inauguro tres fines de semana seguidos. Pero lo llevo con mucha calma y alegría. Siento que todo llega en su momento, y estoy feliz de que sea ahora y no cuando ya no esté. Después tengo una individual en octubre en la Sociedad de Bellas Artes de Lisboa y otra en La Madraza de Granada, un lugar precioso donde mostraré jarapas moriscas. También se avecinan exposiciones colectivas: en Sevilla, en Fotopres Palermo (abril) y ahora mismo estoy en Hebras y urdimbres, comisariada por Blanca de la Torre, que está en Málaga hasta junio.

Y en septiembre… ¡me voy a China! Participaré en una colectiva de mujeres artistas vinculadas a la Colección Yera, que se presentará en un museo de Shanghái. Estoy encantada con todos estos proyectos.

Claro, aquí tienes títulos sugeridos para cada bloque de la entrevista a Sonia Navarro, pensados para aportar fluidez, estructura y profundidad al texto:

1. Una revisión de media carrera: de Verónicas a Alcalá 31

(Sobre la exposición “Fronteras y territorios”, su continuidad con “Lindes. Camino. Memoria”, y el trabajo con las comisarias.)

“Ha sido un regalo mirar qué he hecho, en qué estoy y hacia dónde voy.”

2. Nuevos caminos, nuevos oficios

(Sobre las piezas nuevas y el trabajo con la talabartera de su pueblo.)

3. Costura, territorio y memoria: una narrativa de hilos

(Sobre la lógica del recorrido expositivo y los patrones de costura como estructura narrativa.)

4. Del pedal a la jarapa: evolución de una práctica textil

(Sobre cómo ha ido cambiando su relación con el textil a lo largo del tiempo.)

5. La artesanía como resistencia ecológica

(Sobre el papel de la artesanía en su obra y su dimensión ecológica.)

“Mientras el esparto siga vivo en nuestros montes, el paisaje seguirá respirando.”

6. Saber hacer, saber resistir

(Sobre la dimensión feminista de las labores tradicionales y su carga política.)

“Muchas mujeres tejieron desde ese lugar una forma de conocimiento y de resistencia.”

7. Materiales con memoria: esparto, lana y harapos

(Sobre los materiales tradicionales y su carga simbólica en relación con la sostenibilidad y la memoria colectiva.)

8. Trabajar con lo que hay

(Sobre su uso de residuos y stock como lógica creativa y ecológica.)

“Nuestra vida siempre ha estado condicionada por lo que tenemos a mano.”

9. Lo local como punto de partida

(Sobre las diferencias entre exponer dentro y fuera de España y la dimensión universal de lo local.)

10. El arte como construcción colectiva

(Sobre el papel del espectador y la colaboración con colectivos y artesanos.)

11. Mirar el contexto, escuchar el lugar

(Sobre cómo investiga cada territorio antes de iniciar un nuevo proyecto.)

12. Raíces compartidas: 25 años junto a la galería T20

(Sobre su relación con T20 y la obra mostrada en su aniversario.)

13. Lisboa, Granada, Shanghái: lo que viene

(Sobre sus próximos proyectos y exposiciones individuales y colectivas.)

“Estoy feliz de que todo esto me llegue ahora, y no cuando ya no esté.”

¿Quieres que los convierta en un sumario clickable o que genere un documento final con estos títulos integrados?